Breve autobiografía: de Siger a Averroes

1.- El primer trabajo que le entregué a mi asesor –mucho antes de que lo fuera–, lo hice, si no mal me acuerdo, en un mes o mes y medio. Claro: todo el semestre leí los textos… ejem… pero omití la bibliografía secundaria… ¿para qué la había “colgado” en la página? ¿de adorno? me preguntaba amargamente cuando, a marchas forzadas, leía por primera vez un texto francés en mi vida.
El método no era lo mío. El método no es lo mío. Pero la empresa era sumamente sencilla: demostrar que había una contradicción en Siger de Bravante. Era una sola idea, explicada perfectamente por Dales. Ahora que lo veo a la distancia, era franca y verdaderamente una empresa sencillísima. En eso consistía todo mi genio: encontrar un gozne en algún lado. Y eso me advenía por iluminación, en la forma de una fortísima intuición. Así de sencillo. Además leía un poquitín de latín, y todavía me sentía invencible…

2.- Pero ocurrió que esta tesis implicaba muuuuchas cosas: leer un texto en latín sin el apoyo de la traducción a alguna lengua que fuera capaz de leer (¿inglés? ¿español? ¿párenle de contar?). Leer unos pasajes de Siger de Bravante teniendo a Daniel a un telefonazo de distancia no se comparaba a echarme el Liber de Anima de Avicena en latín, con Daniel viviendo conmigo y hasta la madre de que cada 10 minutos lo interrumpiera. Y no había aún Google Translator con “latin” como opción (y no tenía internet en casa.. ¡!). Además había que aprender un tema novísimo y muy emocionante pero del que no sabía un pito “Intencionalidad”, Searle, Dennett, regresar a bolitas y palitos uno de filosofía del lenguaje después de haber pasado los últimos tres años aprendiendo griego y… ¿latín?… eso.
Me tardé casi 6 meses en vencer el latín de Avicena.
Comencé por Avicena porque la “dirección asesoril” marcaba hacia allá. Tampoco jamás había hecho un proyecto de nada (todavía recuerdo con cierta amargura cómo el Demiurgo, mi primer asesor de la maestría y que había sido sinodal de mi tesis de Agustín, me explicó lo pésima y malísima que había sido… “te di el voto porque tenía cierta estructura” y lo dijo como tratando de justificar ¡por qué me había dado el voto!). Nunca había antes hecho un proyecto de nada, y ahora íbamos contra el tiempo por el asunto de cambio de asesor. Resultado: me quise dejar dirigir… en un sentido más fuerte del que debía ser. Si el asesor decía “Avicena”, esponjita se metía a Avicena…
Pero…
Pero le entré con semejante enjundia a Avicena porque me costó más de seis meses superar el LATÍN… La única manera que encontré para vencerlo fue traducir. Y fue porque “blofié”: les dije en aquella épica clase sobre “Intencionalidad en la Edad Media” que ya había traducido el texto… pero al decirlo me equivoqué: había traducido la última sección del Libro I… no el Libro IV, que era el que interesaba… Y en ultrachinguísima, sin dormir y comenzando mi espantosa adicción al cigarro (cajetillas 2 diarias para mantenerme despierta), traduje el libro 1, la mitad del 2, y el 4. Pero, para colmo me encontré con un artículo de la Apis Nigra que no era el mismo que me había recomendado el asesor: Wahm. Y entonces la crítica de Hasse cobró toooodo el sentido del mundo… y para colmo di con el finlandés Kaukua… y me quedé enredada en el asunto del estatus ontológico de las intentiones non sensatas. Y al final J. M. me pasó el artículo del Contenido cognitivo de la percepción… y yo no estaba en absoluto de acuerdo con la lectura que ahí L. X. tenía de Avicena… Así que todo aquél semestre (¿mi 3er semestre?) consistió en pelarme con la Apis Nigra, Hasse, Kaukua y L. X.-J. M. que, en realidad era la lectura (me parece todavía) que sostenía el mismísimo asesor… Un año se me fue en eso. Un año entero.

3.- Pero ¿qué creen? El ¿plan original? ¡Sí! el plan original involucraba a Aristóteles, Nemesio de Emesa, Averroes, De Homine de Alberto Magno, De Anima de Alberto Magno y De Animalibus de Alberto Magno. Y después de mi presentación desastrosa antes los Estudiantes Asociados, la pregunta me la hizo el asesor: “¿Vamos a seguir con Alberto? ¿sí? ¿o se queda la tesis en Avicena?”
¿Por qué no fui sensata y dije: ¡Presento la traducción del Liber de Anima y mi discusión con Black—Hasse—Kaukua—L-F—JAT!? ¿Por qué, en un momento crucial de dubitación dije: “¡Seguimos con Alberto!”?
Quizás por la misma estúpida razón por la que decidí estudiar Letras Clásicas y aprender griego y latín en pos de san Agustín y Plotino. Quizás fue porque descubrí lo poco que sabía. Quizás porque se me hizo muy poca cosa respecto del problema original. Pero sobre todo porque todavía no entendía un pito de qué tenía que ver eso con la intencionalidad. Y porque yo agarré mis chivas y me cambié de asesor, de proyecto, de idioma y demás etcéteras porque yo quería entender ese asunto de la intencionalidad…

4.- Pero me salté a Averroes. Me agarró la desesperación. Alberto resultó no sólo un latín diferente y mucho más complicado que el de Avicena (bueno: ese era mi primer latín), sino porque la manera de escribir en Quaestiones de Alberto nada tiene que ver con la prístina y clarísima estructura de Tomás en la Summa Theologica. Porque Alberto citaba chorrocientos mil autores diferentes, los hacía mescolanza variadísima y… y porque simplemente era… pues… ¡Alberto!. Alberto: aquél acusado de hacer revolutras y mescolanzas entre chorrocientasmil fuentes. Yo ya sabía que no era así: pero me quedó muy claro por qué todo mundo lo suponía…

Y me salté a Averroes.

Mientras tanto en los seminarios de Demiurgo yo continuaba con Aristóteles, Nemesio y una probadita de Galeno. Faltaba Averroes. Faltaba el De anima de Alberto por no contar el De Animalibus: la meta.

Faltaba Averroes.

Y me entró una tremenda desesperación ¡¡¡Para qué carajos una reconstrucción histórica!!! ¡¡Para qué!!! ¡¡Era una puñetera tesis de maestría sobre Alberto Magno!!!

Me salté a Averroes.

Y entré a trabajar

Y me robaron al novio y el carro me dejó (pero, a diferencia del novio, el carro estaba asegurado, y de eso viví el último año).

Y me quedé sin trabajo.

Pero sobre todo, de pronto, la empresa se me presentó como insalvable… Si Avicena había sido tan, pero tan difícil… y el De homine Alberto estaba resultando tan, pero tan, pero tan difícil, y en el IIFs ya no daba el ancho, y mis alumnos de Acatlán había plagiado (más de la mitad) el trabajo final, y el novio ya era exnovio y estaba estrenando novia en mis narices, y… ¿iba a poder que lo que faltaba aún? ¿me quedarían fuerzas?

Y me salté a Averroes.

Pero se atravesó la psiquiatra y Nuchelmas (recuerdo mucho cómo salía de su consultorio en Cerro del Agua y me iba caminando al Starbucks de M. A. de Quevedo para meterme a leer a Nuchelmans.

Y después de dos años, ese gozne del que les hablaba arriba, apareció. La idea, la intuición. Pero no, esta no era una cosa tan sencilla, un chispazo que se pudiera resolver en 13 cuartillas. Era una maldita intuición que necesitaba aprender todavía muchas cosas básicas de filosofía: ¿filosofía del lenguaje?…
Ahí estaba la intución: la de Alberto, el hilo conductor de la tesis. Pero era una intución hecha de miles y miles de nudos, no de cinco o seis como el trabajo de Siger, ni de cincuenta como el de Avicena. Estos era muchísimos más.

A desatar… Y yo quería ir al curso sobre Filosofía de la Mente en la UAM-I. Y no podía llegar con las manos vacías. y surgió el famoso “capítulo II” (de nuevo: un poco de bloff, las prisas por tener cara con qué presentarme para leer a Brentano, Dennett y Searle… con mi asesor).

Pero mi velocidad de trabajo ya no era la que antes. La mitad del tiempo era pelearme con el incipiente alcoholismo por Daniel, los medicamentos para no acabar llena de moretones después de pelearme con Daniel, y el pánico que me dio que, sin que yo me lo esperara, me dieran en el IIFs un espaldarazo… y el Demiurgo en los Unites, lejos, lejos, lejos… y yo asustada… asustadísima… y en eso se atraviesa el Aquinas…

5.- El Aquinas. De ahí salió la “otra mitad” del famoso “Capítulo II”. Bermúdez y sus broncas contra McDowell quedaron, para mi autodecepción, fuera de la tesis. También el De anima y el De animalibus de Alberto. Pero aún faltaba el… el… pues si ya había un II… pues el I. De visu, los espejos animados, la otra mitad de la intuición que había que desanudar…

y es que me había saltado a Averroes.

6.- Averroes. Desde mediados de noviembre al día de hoy.

Iudicare autem quod ista intentio est isitius ymaginati est in homine in intellectu, quia iudicat in eo secundum affirmationem et negationem (Averroes, De memoria, 195va 60-63; p. 52, ed. Shields)

Me lo acabo de encontrar hace dos horas, no en el De memoria, sino en Klubertanz. Y me lo encontré junto con la necedad sorabjiana de Klubertanz de interpretar “spiritualis” como espiritual en el sentido Theolgico del que Alberto tanto advierte… y me lo encontré y recordé, con pasmosa claridad la diferencia fundamental entre Galeno y Nemesio gracias a Julius Rocca. Y no en balde tomé aquél extrarodinario curso sobre la mixtura en los estoicos…

Al fin todas las piezas encajaron… todas, todas, todas.

¡¡¡¡Y PUTA MADRE TODAVÍA FALTA!!!!

pero ya solo falta un artículo de Black, acabar con Klubertanz, De memoria de Averroes (ya pasamos por De anima y De sensu) y… y sólo si alcanza el tiempo y las energías el artículo en alemán sobre “Intentio” en Averroes…

7.- Cuando entendí que la “depresión” nada tenía que ver con Daniel sino con el pavor que me provocó la magnitud del proyecto… bueno, de menos dejé de mentarle la madre a Daniel y pude, al fin, dar el siguiente pasito de esta historia.

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8.- Este post se llamaba “buche lleno de piedritas” porque venía a quejarme de Daniel y su novia. Pero ya no, no vale la pena. Total, ya tengo mis polvos pica pica…

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